por InfoHoreca 12 de mayo, 2016 Bodega comentarios Bookmark and Share
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El txakoli K Pilota se elabora con la misma uva con la que la bodega de Karlos Arguiñano realiza su reputado K5, la hondarribi zuri. De las cepas más jóvenes se crea un vino fresco, suave y brillante, enfocado a instaurarse en los bares como blanco de cabecera.  

"Mientras nuestro empblema, el txakoli K 5, es un vino de culto, elaborado con uvas seleccionadas, con la máxima concentración de aromas y sabores, el K Pilota tiene su origen de las cepas más jóvenes de la misma uva, la hondarribi zuri", explica el enólogo de la bodega de Aia Lauren Rosillo.

La uva pasa cinco meses con sus lías en depósitos de inoxidable con battonages semanales. El resultado es un vino "más casual y acertado para acompañar un aperitivo, unos pintxos o una comida informal; un txakoli de poteo".

El objetivo es que se convierta en un vino para degustar a diario, "como un txakoli fresco, suave y brillante, que marca un estándar de calidad en su segmento".

Representación del entorno y del deporte vasco

La presentación del txakoli K Pilota tuvo lugar en el Frontón Bizkaia, situado en el barrio bilbaíno de Miribilla, de la mano del propio Karlos Arguiñano, el enólogo Lauren Rosillo y Mikel Zeberio, presentador del acto, quien recordó los orígenes del txakoli a las orillas de la Ría de Bilbao.

Rosillo, por su parte, destacó la uva con la que se trabaja en la Bodega K5, la hondarrubu zuei, "una uva fantástica que permite transmitir un paisaje. Para el txakoli el progreso es el regreso, hacer un trabajo coherente con el entorno, sin artificios ni química, como se hacía antes".

Además del paisaje, K Pilota hace referencia al deporte vasco de la pelota, del que toma su nombre, como un reflejo de la identidad.

Nota de cata

Brillante, limpio y cristalino, de intensidad media, con color amarillo verdoso pálido y destellos alimonados.

Intensidad con notas de manzana reineta y claras notas minerales propias del terruño. Destacan las notas de flores blancas como la manzanilla y los frutos cítricos como el pomelo y la lima.

Su gran volumen en boca lo convierte en un vino redondo y glicérico sin perder el carácter fresco y atlántico de los txacolís.

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