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4 de marzo, 2019 Gastronomía comentarios Bookmark and Share
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El Instituto Silestone ha presentado el informe “Global Kitchen: la cocina, el corazón del hogar”, una publicación que refleja cómo se materializan en el diseño y uso de esta estancia, los cambios sociales y los nuevos modos de vida del siglo XXI.

Un espacio de carácter multifuncional, que recupera su posición como núcleo vital de la vivienda y que deja de ser básicamente femenino. Pasa entonces de acoger la actividad más tradicional de elaboración de la comida a convertirse en el lugar de culto a la salud y el bienestar, así como del cuidado del medio ambiente.

En él, además, las redes sociales son las absolutas protagonistas para acercarse a la cultura culinaria y transformar los hábitos de consumo según criterios de eficiencia energética, sostenibilidad o reciclaje.

Según las opiniones de 23 expertos internacionales, y de los resultados de las encuestas a ciudadanos en 9 países, hoy en día la cocina se ha convertido en una estancia de lo más versátil. Es punto de encuentro familiar en las comidas –un 43% de los casos-, centro de control nutricional y de salud -el 62% cuida más de su alimentación y el 31 % recurre menos a los alimentos precocinados-, área de gratificación y aprendizaje personal al cocinar, espacio donde trabajar o recibir a invitados –un 40%- y plataforma de acciones para proteger el medio ambiente -el 78% separa correctamente la basura, reutiliza más que antes y reduce el consumo de energía y agua.

Durante la presentación el chef Rodrigo de la Calle comentó que “hay que normalizar lo que entendemos como vida saludable incorporando pequeños gestos, como beber vinos sin sulfitos, reciclando…en nuestro día a día”.Propone como medida, la posibilidad de comer un día a la semana 100% vegetal para contribuir a reducir las emisiones de CO2.  

Los arquitectos María González y Juanjo López de la Cruz señalaron que "la cocina abierta sin tabiques es una conquista para la mujer y este espacio representa  la vanguardia de la vivienda”. Por su parte, el especialista en alimentación y psiconeuroinmunología, Xevi Verdaguer, cree que “comer sano no solo consiste en comprar productos eco, hay que cuidar otras cosas como los utensilios de cocina que empleas….en todo caso hay que procurar llevar una vida sana pero tampoco hay que obsesionarse”.

Por su parte, Santiago Alfonso, vicepresidente de Marketing y Comunicación del Grupo Cosentino explica “tenemos el reto de continuar aportando valor e innovación a nuestros públicos de interés. En este marco de actuación, el Instituto Silestone, nuestra plataforma de investigación sobre el espacio de la cocina, desarrolla el proyecto Global Kitchen, una iniciativa para analizar las claves de la cocina doméstica en el siglo XXI con el objetivo de trasladar este conocimiento al sector y a la sociedad en general”.

La cocina deja de ser, aunque lentamente, un espacio únicamente femenino. Así la mujer sigue siendo la figura encargada de la preparación y organización de las comidas –duplicando el porcentaje masculino- si bien se observa un progresivo cambio fruto del reparto de las tareas domésticas. Sin embargo, el reparto equilibrado sigue siendo una asignatura pendiente en las culturas mediterráneas en comparación con los países anglosajones.

El binomio alimentación-salud, plenamente interiorizado, tiene también su reflejo en la cocina. La preocupación por un estilo de vida más saludable, tanto a nivel físico como mental, se constata en el interés por conocer tanto la procedencia como las propiedades nutricionales de los alimentos. A ello se añade la disminución en el consumo de alimentos procesados y precocinados.

La conciencia medioambiental condiciona el uso de la cocina a todos los niveles. Se traduce, por un lado, en la progresiva transformación en los hábitos de compra y otros comportamientos: cada vez tienen menos cabida las bolsas y envases de plástico, ganan importancia el suministro a granel y los productos de temporada y proximidad. Y por el otro, la cocina se convierte en el espacio en el que profundiza en la conservación y reutilización de alimentos para evitar su desperdicio.

Finalmente, cabe destacar que en la cocina del siglo XXI las redes sociales cobran protagonismo, incluso por delante de la domótica y dispositivos inteligentes. Y se convierten en motivo para pasar más tiempo en ella, explorando nuevos platos o recetas, convirtiéndose también en fuente de información sobre cambios en la dieta o descubrimiento de nuevos restaurantes, mediante blogs, Twitter, Facebook, Instagram o tutoriales de YouTube.

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