La reciente publicación del Reglamento (UE) 2025/40 ha generado un notable revuelo en el sector ante el temor a la inminente desaparición de formatos tan arraigados como los sobres de azúcar. Pero la realidad normativa exige una lectura más sosegada y precisa. Tal y como ha venido aclarando InfoHoreca, la Unión Europea no ha decretado el fin de la monodosis como concepto, sino que ha puesto el foco restrictivo exclusivamente en los envases de plástico de un solo uso.
"A partir de 2030, lo que la Unión Europea restringe en el canal Horeca son los envases de un solo uso de plástico, incluyendo porciones individuales como azúcar, salsas o leche", subraya Ramón Jaúregui, director gerente de Navarest. "Es decir, el foco está en el plástico, no en el formato individual en sí".
De este modo, los sobres de azúcar de papel quedan totalmente fuera de la restricción comunitaria. Lejos de representar un problema, este tipo de soluciones encaja a la perfección con la directriz europea, que persigue la reducción de plásticos innecesarios sin que ello suponga comprometer aspectos innegociables para la hostelería como son la higiene, la trazabilidad del producto o la lucha contra el desperdicio alimentario. En definitiva, "Europa no está diciendo ´no´ a la monodosis, sino ´no´ al plástico cuando existen alternativas más sostenibles", insiste el directivo de Navarest.
La paradoja del azucarero: cuando rellenar contamina más
Uno de los debates más intensos en el seno del sector gira en torno a la aparente ventaja ecológica de los azucareros o dispensadores colectivos frente a los sobres individuales. A simple vista, un recipiente rellenable genera menos residuos directos de envase. Sin embargo, el sector envasador defiende que el análisis debe realizarse desde una perspectiva sistémica.
IH. ¿Por qué el impacto medioambiental y la huella de carbono de un recipiente rellenable puede ser mayor que el de las actuales monodosis de papel?
Ramón Jaúregui (RJ). Una de las claves para entender esta aparente contradicción es que el impacto ambiental no se debe analizar solo por el volumen de envase, sino por el impacto total del sistema de consumo, incluyendo desperdicio alimentario, logística y uso real. En el caso de los azucareros o dispensadores rellenables, aunque generan menos residuo directo de envase, presentan varios factores que pueden aumentar su huella de carbono global:
1. Mayor desperdicio alimentario (factor decisivo)
Los sistemas abiertos tienden a generar más pérdidas. En entornos de hostelería se estima que el desperdicio puede situarse entre el 5 y el 15%*, debido a sobredosificación, derrames o contaminación del producto.
En cambio, la monodosis limita la cantidad y reduce el desperdicio a niveles inferiores al 2%. Este punto es clave porque producir azúcar tiene una huella de carbono muy superior a la del papel del envase. Es decir, tirar azúcar impacta más que generar el sobre. Por eso, un pequeño aumento en desperdicio puede anular completamente el ahorro en packaging.
2. Impacto real del envase vs. uso del sistema
Si se compara solo el peso del envase, un azucarero puede parecer más eficiente. Sin embargo, cuando se analiza por "servicio consumido" (criterio que utiliza la UE), la diferencia se reduce o incluso se invierte. Por ejemplo, el papel de una monodosis representa unos 31 g por kg de azúcar, mientras que el sistema rellenable es similar o menor… pero deja de serlo si hay desperdicio asociado.
3. Huella de carbono del ciclo completo
Los datos muestran que, incluso en escenarios teóricos, los sistemas con azucareros pueden tener una huella mayor si se consideran factores como:
• producción adicional de azúcar por desperdicio
• limpieza (agua caliente, energía)
• fabricación y mantenimiento de recipientes
Por ejemplo, para un mismo servicio equivalente, los azucareros pueden duplicar o incluso multiplicar la huella frente a sobres individuales en determinados escenarios.
4. Condiciones reales de uso (no laboratorio)
En la práctica, los azucareros dependen del comportamiento del usuario y del mantenimiento del establecimiento (limpieza, reposición, higiene). Esta variabilidad introduce ineficiencias que no existen en un sistema cerrado como la monodosis.
Todo lo anterior nos lleva a la conclusión de que aunque intuitivamente un sistema reutilizable parece más ecológico, en este caso puede no serlo. Cuando se analiza el sistema completo, la monodosis tienen menos impacto ambiental porque:
• reduce el desperdicio alimentario (el factor más relevante),
• optimiza el consumo real,
• y evita impactos asociados a limpieza, manipulación y pérdidas.
Por eso, desde un enfoque técnico y de ciclo de vida, menos envase no siempre significa menor huella de carbono.
El factor económico: la eficiencia del consumo controlado
Más allá del debate medioambiental, el formato de servicio tiene implicaciones directas en la cuenta de resultados del hostelero. El comportamiento del consumidor varía drásticamente dependiendo del sistema que tenga a su disposición. "Cuando el cliente se sirve libremente, como ocurre con un azucarero, el consumo tiende a ser menos eficiente", señala Jaúregui. "La gente suele echar más cantidad de la que realmente necesita, hay pequeños derrames y, además, parte del producto acaba desechándose por cuestiones de higiene o manipulación".
Frente a las mermas de hasta el 15% en sistemas abiertos, la dosis controlada de la monodosis sitúa el desperdicio por debajo del 2%*. El consumidor utiliza una cantidad definida y solo añade otro sobre si realmente lo requiere. "Al final, esto tiene un impacto directo no solo en el medioambiente, sino también en el coste: se consume menos azúcar para el mismo uso real. Y eso, en hostelería, es muy relevante", añade.
Innovación y futuro: un mensaje de tranquilidad al hostelero
Ante la inminencia de los cambios regulatorios de cara a la próxima década, la industria envasadora ya ha movido ficha. En el caso de Navarest, el 70% de los sobres de azúcar que comercializan son ya de papel 100% reciclable y libres de plásticos. Una cifra que ilustra una transformación sectorial que avanza a buen ritmo.
Desde la Asociación Española de Envasadores de Azúcar, Asena, la hoja de ruta para los próximos años se asienta sobre tres pilares fundamentales:
- la transición hacia materiales cada vez más sostenibles y fáciles de reciclar (totalmente libres de plástico),
- la reducción de gramajes para optimizar el uso de material de envase,
- y la mejora de los procesos industriales para seguir rebajando la huella de carbono.
"El envasador que no tenga claro estos conceptos va a quedar fuera del mercado", advierte Jaúregui como miembro de la junta directiva de la asociación.
Para el profesional de la hostelería que teme quedarse sin opciones viables para el servicio de mesa, el mensaje es rotundo: "No se va a quedar sin opciones. Todo lo contrario. Va a tener soluciones igual de prácticas, seguras e higiénicas, pero más sostenibles".
Europa no busca eliminar la comodidad y seguridad de las monodosis, sino empujar a la industria hacia la excelencia medioambiental. Un reto en el que el sector del envasado, apoyado en la innovación y en el análisis riguroso de su impacto real, demuestra tener los deberes muy avanzados.




