Las cadenas hoteleras españolas tuvieron mucho que ver en ese recorrido. Cuando empezaron a expandirse fuera de España, nosotros fuimos con ellas, al Caribe, a México y a otros mercados en los que aprendimos que no todos los hoteles trabajan igual ni esperan lo mismo de un textil. Aquello fue nuestra primera escuela internacional.
Todavía hoy hay detalles que sorprenden. En España solemos hablar del número de hilos de una sábana; en otros países europeos importa más su peso. Aquí tenemos una clara preferencia por el algodón, mientras que en América se utiliza mucho más la mezcla de poliéster y algodón porque facilita el planchado. Incluso una toalla de lavabo cambia de tamaño según el lado del Atlántico en el que nos encontremos. Puede parecer anecdótico, pero, para mí, explica bastante bien este negocio. Para trabajar en hostelería hay que conocerla desde dentro.
Y hay otro cambio que me parece todavía más interesante. Cuando empecé, el hotel aspiraba a ofrecerte las comodidades que tenías en casa. Hoy sucede casi al revés. Cuando viajamos esperamos encontrar una cama mejor. Lo sabemos porque incluso hemos recibido consultas de huéspedes que, después de alojarse en un hotel, habían mirado la etiqueta de una almohada o de las sábanas para saber dónde podían comprarlas. De ahí nació, de hecho, Resuinsa Home.
Pero el huésped solo ve una parte de lo que se le exige a un textil hotelero. Quienes lo compran, lo utilizan y lo lavan necesitan que ese confort se mantenga con el uso y los lavados industriales. En nuestras conversaciones con los hoteles, cada vez tienen más peso otras preguntas: cuánto durará una pieza, cuánto costará mantenerla y qué ocurrirá con ella cuando deje de utilizarse.
Escuchar esas necesidades nos ha permitido identificar hacia dónde avanza el sector y desarrollar soluciones para lo que viene. Hace más de una década comenzamos a incorporar la tecnología RFID a los textiles para controlar su trazabilidad. Algo tan cotidiano en un hotel como hacer inventario pasó de contar sábanas una a una a poder hacerlo “pulsando un botón”. Más recientemente, hemos trabajado en recuperar textiles que han terminado su vida útil en los hoteles e incorporar esa materia prima postconsumo a nuevas colecciones que mantienen las prestaciones que exige el uso profesional.
Este año celebramos 50 años de Resuinsa y 100 años de trayectoria empresarial del grupo. Son dos aniversarios que invitan a mirar atrás, pero también a preguntarnos qué debemos conservar. Cada generación ha aportado algo distinto. A la mía le tocó profesionalizar la compañía, internacionalizarse y competir en un mercado que se estaba haciendo global. Ahora, a la cuarta generación, le tocará tomar sus propias decisiones porque continuar una empresa familiar no consiste en hacer lo mismo durante cien años. Lo que merece permanecer es la cercanía con quienes trabajan cada día con nuestros textiles.
No sé cómo serán los hoteles dentro de otros cincuenta años. Las próximas preguntas seguramente llegarán de donde han llegado tantas otras: de una habitación, una lavandería o una conversación con quienes hacen funcionar un hotel cada día. Después de cincuenta años, seguimos escuchando.





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