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por InfoHoreca 14 de septiembre, 2021 Equipamiento comentarios Bookmark and Share
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Por Ignacio Santamarta, Director de Innovación de EZSA Sanidad Ambiental.

Cuando hablamos de humidificadores, tan omnipresentes en terrazas y de planes al aire libre, la línea que separa el cielo del infierno es muy fina. En una cara de la moneda, los nebulizadores disminuyen la temperatura ambiental y mejoran el confort térmico. Pero, en contrapartida, pueden ser el caldo de cultivo perfecto para la aparición de la Legionella. Solo una planificación adecuada del mantenimiento de estos dispositivos que generan humedad en el aire puede garantizar la seguridad de los consumidores frente al peligro de la Legionella. La clave del éxito es no limitar las tareas de cuidado a los meses de verano, cuando la bacteria ya se ha podido asentar en los depósitos de agua, si no mantenerlas durante el resto del año.  

Pero, empecemos por el principio: la legionelosis es una enfermedad que se contrae a través de las vías respiratorias por la inhalación de aerosoles. Estos se forman a partir de pequeñas gotas que pueden generarse al pulverizar el agua o insuflar burbujas de aire a través del agua. Y se puede manifestar como una infección pulmonar caracterizada por una neumonía con fiebre alta (“enfermedad del legionario”) o bien como un síndrome febril agudo de pronóstico leve (“fiebre de Pontiac”).

La bacteria de la Legionella tiene en el agua su hábitat, por lo que se encuentra de manera natural en ambientes acuáticos (ríos, lagos, embalses, etc.). La temperatura óptima para su expansión se da entre los 20 y los 45 grados. Fuera de este rango, se mantiene inactiva, aunque al superar los 60 grados queda eliminada. Por tanto, además de los humidificadores, los depósitos de agua, los equipos de refrigeración, los sistemas de riego, los sistemas de agua fría para consumo, el sistema de agua caliente sanitaria y las piscinas pueden ser focos importantes de peligro.

La materia orgánica, las algas o los protozoos que viven en el agua crean una biopelícula que facilita la alimentación, el desarrollo y la proliferación de la bacteria. Por eso, el riesgo de legionelosis se acentúa si el origen del agua es un pozo o aljibe, y disminuye si proviene de la red pública, ya tratada.

Ante esta vulnerabilidad durante todo el año, pero sobre todo en verano, cuando nuestra exposición a las fuentes de agua es mayor y más diversa, un correcto cuidado es suficiente para que dispositivos como los pulverizadores cumplan su función de una manera segura.

Tratamientos más disruptivos contra la legionella

En este sentido, el tratamiento que más utilizamos contra la Legionella es el uso de biocidas, especialmente el cloro, aunque existen otros métodos como el bromo, el ozono o la luz ultravioleta. Para elegir el tipo de tratamiento más adecuado, es importante partir de una inspección profesional, desinfectar la zona, realizar un plan de choque en caso de que se haya producido un brote y, finalmente, calendarizar un plan de mantenimiento que asegure una experiencia de uso satisfactoria en cualquier momento.

En definitiva, los nebulizadores no son un dispositivo peligroso en sí. Al contrario, se han demostrado realmente efectivos para refrescar el ambiente y purificar el aire. No obstante, nos expone al agua aerosolizada y, por tanto, supone un riesgo para la proliferación y diseminación de la batería en caso de no contar con las medidas preventivas adecuadas. 

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