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InfoHoreca entrevista a Miguel Ángel Hernández, Strategic Partnership Director de HBX Group, para conocer los efectos sobre el turismo de grandes eventos deportivos como el Gran Premio de Fórmula 1 Madring, que se disputa este fin de semana por primera vez. 

¿Cómo están impulsando la Fórmula 1 y otros grandes eventos deportivos el turismo motivado por experiencias?

Los grandes eventos deportivos se han convertido en auténticos catalizadores de viajes. Cada vez vemos más viajeros que no parten de la pregunta “¿dónde quiero ir?”, sino de “¿qué quiero vivir?”. Una carrera de Fórmula 1, una final de fútbol o un gran torneo de tenis pueden ser el detonante para organizar un viaje completo alrededor de esa experiencia.

Lo interesante desde el punto de vista turístico es que su impacto va mucho más allá del propio recinto deportivo. Estos viajeros necesitan alojamiento, restauración, transporte y, en muchos casos, aprovechan su estancia para descubrir el destino y realizar otras actividades. Para hoteles y otros actores turísticos supone una oportunidad para captar una demanda que llega con una motivación muy concreta, pero cuyo gasto se distribuye por buena parte del ecosistema turístico local.

¿Quién es este nuevo viajero y en qué se diferencia del turista vacacional tradicional?

No existe un único perfil, pero en el caso de la Fórmula 1 estamos viendo una base de aficionados cada vez más joven y diversa. Según datos de Formula 1, el 43% de sus seguidores tiene menos de 35 años y el 42% son mujeres. Los estudios sobre turismo vinculado a esta competición apuntan además a viajeros con una elevada predisposición a desplazarse por eventos deportivos y con especial interés por experiencias premium.

Lo que les diferencia es también la forma de construir el viaje. La experiencia actúa como punto de partida y, alrededor de ella, se toman decisiones sobre alojamiento, transporte, gastronomía, ocio o cultura. Para el sector turístico, esto supone la oportunidad de conectar con un visitante que llega con una motivación muy concreta, pero que puede consumir una oferta mucho más amplia durante su estancia. 

¿Cómo cambia la demanda turística de una ciudad antes, durante y después de un gran evento?

El primer efecto es una concentración extraordinaria de demanda alrededor de unas fechas muy determinadas. A medida que se acerca el evento aumenta la demanada sobre el alojamiento y otros servicios turísticos, especialmente en las zonas mejor conectadas con el recinto, aunque el impacto puede extenderse a otras áreas de la ciudad e incluso a destinos próximos.

Pero hay otro efecto especialmente interesante: la demanda no tiene por qué limitarse a los días exactos de celebración. Una parte de los visitantes amplía su estancia antes o después del evento, lo que permite distribuir mejor su impacto turístico. Para los hoteles, esto hace especialmente importante anticiparse, entender de qué mercados procede esa demanda y adaptar su oferta. En un entorno tan dinámico, disponer de datos y capacidad para detectar cambios en los patrones de reserva resulta fundamental.

¿Por qué el evento está empezando a pesar tanto como el propio destino en la decisión de viaje?

Porque un gran evento introduce algo que el destino por sí solo no siempre tiene: un momento concreto e irrepetible. Podemos decidir visitar una ciudad en diferentes épocas del año, pero una carrera, una final o un concierto suceden en un lugar y unas fechas determinadas. Esa combinación de experiencia y oportunidad limitada en el tiempo tiene una enorme capacidad para desencadenar la decisión de viaje.

A ello se suma la dimensión social que rodea hoy a estos acontecimientos. No se trata únicamente de asistir al evento, sino de vivir y compartir todo lo que sucede alrededor. Para los destinos, la oportunidad está en aprovechar esa motivación inicial para mostrar al visitante todo lo que puede ofrecer más allá del evento y convertir una experiencia puntual en una experiencia de viaje mucho más completa.

¿Estamos ante un fenómeno puntual o ante una transformación estructural de la forma en la que viajamos?

Todo apunta a que estamos ante una evolución más profunda de las motivaciones de viaje. No significa que vaya a desaparecer el modelo tradicional de elegir primero un destino, pero sí que las experiencias están ganando peso como desencadenantes de la decisión. El calendario deportivo, musical, cultural o gastronómico se está convirtiendo también en un calendario turístico.

Para el sector, esto implica aprender a leer la demanda de una manera más amplia. Ya no basta con analizar únicamente la temporada alta o baja de un destino; hay que entender qué acontecimientos pueden generar nuevos picos de demanda, de qué mercados proceden esos viajeros y qué buscan durante su estancia. Los grandes eventos representan una oportunidad para hoteles y destinos, pero aprovecharla requiere anticipación, conectividad y capacidad para transformar unos días de gran demanda en una relación más durad

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