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El mobiliario es lo primero que ve un cliente cuando cruza la puerta de tu local, lo que va a usar durante toda su visita y, casi siempre, la partida más difícil de rectificar si te equivocas.

Y aun así suele decidirse tarde, con prisa y mirando un catálogo.

Detrás de esa decisión hay tres cosas en juego a la vez. Está el estilo, que es lo que el local dice de sí mismo antes de que llegue la carta. Está el espacio, que determina cuánta gente cabe y cómo se mueve tu equipo entre las mesas. Y está quién te lo sirve, que es lo que marca si aquello que has imaginado se puede ejecutar o hay que conformarse con lo que había en stock.

En este artículo te ayudaremos a entender los diferentes criterios principales para conseguir la elección ideal de mobiliario y los expondremos a través de 3 ejemplos diferentes.

El estilo: tu mobiliario habla antes que la carta

El cliente se hace una idea de tu negocio en los primeros diez segundos, y todavía no ha probado nada. En esa primera impresión pesa más el mobiliario que la decoración, sencillamente porque ocupa la mayor parte del campo visual.

El error habitual es ir a por muebles bonitos por separado en lugar de a por un conjunto que cuente algo. La coherencia se nota más que la pieza individual, y hay dos formas válidas de conseguirla. Una es la unidad: un mismo tejido, un mismo acabado o una misma familia cromática recorriendo toda la sala. La otra es la mezcla deliberada, combinando madera, metal y tapizado de manera que cada material aporte una parte del carácter. Las dos funcionan. Lo que nunca funciona es no haber elegido ninguna.

El estilo tampoco se sostiene solo. Un tapizado que no aguanta el desengrasante deja de verse bien en seis meses, así que la decisión estética tiene que cruzarse con el uso real: cuántas rotaciones haces al día, si el mueble se mueve o se queda quieto, con qué limpia tu equipo y cuánto rato se sienta tu cliente. Un local de copas y uno de menús necesitan cosas distintas aunque quieran parecerse.

En interior hay bastante margen y casi todo vale si el acabado está pensado para uso profesional. En exterior conviene ir sobre seguro: aluminio por ligereza y porque no se oxida, polipropileno por resistencia a la intemperie, mejor si va reforzado con fibra de vidrio, y compactos fenólicos para los tableros, que es donde más se falla. Un tablero de exterior mal especificado se puede tornar en una sola temporada.

El espacio: donde se gana o se pierde el aforo

Pocos locales tienen una planta regular. Hay columnas, esquinas muertas, desniveles y pasillos que obligan a dejar hueco. Cada uno de esos puntos es una mesa que no pones, y esa mesa no aparece en ningún presupuesto pero se nota en la caja todos los días.

La pieza que mejor resuelve eso son los bancos corridos para hostelería. El motivo es simple: una silla necesita espacio libre por detrás para que el cliente se siente y se levante, y ese espacio se pierde. Un banco pegado a la pared no lo necesita, aprovecha el fondo, permite acercar más las mesas y puede tener una medida distinta en cada tramo, que es justo lo que pide una planta irregular.

Y da más juego del que se le suele dar. Un banco alto delimita ambientes dentro de una misma sala y amortigua el ruido de la mesa contigua; uno bajo mantiene la sensación de amplitud. Jugando con las alturas se puede zonificar un local entero sin levantar un tabique, con la ventaja de que todo eso se puede recolocar el día que el negocio cambie.

En la hostelería la distribución no es un asunto decorativo, es un asunto de rentabilidad. Cada decisión sobre dónde va el mueble acaba traducida en plazas, y las plazas en servicios.

Tres locales muy distintos, tres formas de resolverlo

Desde InfoHoreca hemos seleccionado tres proyectos reales para ver aplicados los dos puntos anteriores. Los hemos elegido precisamente porque no se parecen entre sí: un restaurante de pintxos en Madrid, un local de eventos a medida en Alicante y un espacio donde la gastronomía convive con el espectáculo en Elche. Tres conceptos de negocio distintos y tres maneras de traducirlos en mobiliario.

Pintxos y Zuritos (Madrid): un solo tejido para toda la sala

El proyecto de este restaurante madrileño incluyó sillas, mesas, bancos corridos e iluminación interior, y la decisión que ordena el conjunto es la del tapizado.

El banco corrido va acabado en capitoné, y los respaldos y asientos se tapizaron a juego con él. En lugar de que cada pieza tire por su lado, todo el mobiliario se coordina a partir de una referencia común.

Es la vía de la unidad aplicada de forma consistente, y funciona bien en locales donde conviven barra y mesas: el ojo no encuentra saltos y el espacio se percibe ordenado sin necesidad de añadir decoración. Como ventaja práctica, coordinar los tapizados desde el principio hace más fácil cualquier reposición futura.

OZ Gastroclub (San Juan, Alicante): varios ambientes en un mismo local

OZ Gastroclub es un local que realiza eventos a medida, situado en la playa de San Juan, en Alicante, y reparte su actividad entre interior y terraza. Se renovó el mobiliario de las dos zonas.

En el interior conviven un banco corrido con respaldo capitoné, sofás Chester en versiones vintage de una y tres plazas, un sillón y un taburete de la misma línea. Las mesas se configuraron con dos alturas, bajas y altas, con tableros de pino. La propia ficha del proyecto explica la intención: crear ambientes diferenciados dentro del restaurante y buscar un equilibrio entre lo clásico y lo industrial combinando materiales naturales con estructuras metálicas.

En la terraza el planteamiento cambia, como debe ser: sillones de exterior y tableros de fresno sobre estructuras pensadas para terrazas de hostelería. El mismo local, dos exigencias distintas y dos respuestas distintas.

Lo aprovechable de este caso es la convivencia de alturas. Mesas bajas y altas en el mismo espacio permiten atender consumos distintos sin que la sala parezca improvisada, algo especialmente útil en un local que cambia de función según el día.

Climax Suite Room (Elche): un mobiliario distinto en cada zona

En Climax Suite Room la gastronomía convive con el espectáculo, y la intervención consistió en fabricar e instalar combinaciones de mobiliario adaptadas a cada zona del local en lugar de una única solución uniforme.

En el área principal se instalaron bancos tapizados que combinan respaldo en capitoné y respaldo de rayas, acompañados de sillas en terciopelo negro y de tableros con acabado efecto mármol sobre estructuras metálicas. En la segunda zona se buscó una estética más natural y un contraste cromático: otro modelo de silla, también tapizado en terciopelo negro, con tableros de pino sobre el mismo tipo de estructura.

El detalle a retener es cómo se diferencian dos zonas sin que el local pierda unidad. Cambian la silla y el tablero, pero el terciopelo negro se mantiene en ambas y hace de hilo conductor. Es un recurso barato de aplicar y muy efectivo cuando un mismo espacio tiene que sostener dos usos.

Un restaurante de pintxos en Madrid, un local de eventos en Alicante y un espacio de cena y espectáculo en Elche. Tres negocios que no tienen nada que ver entre sí y que comparten lo mismo: han sabido traducir su concepto en mobiliario y sacar partido del espacio del que disponían. No hay un mueble mejor que otro, hay decisiones que encajan con lo que cada local quiere ser.

Elige bien al proveedor y lo demás deja de ser un problema

Con el estilo definido y la distribución pensada, queda la decisión que sostiene a las otras dos. Y es la que más disgustos evita, porque los tres locales anteriores tienen algo en común además de su concepto: ninguno de esos resultados sale de un catálogo cerrado. Salen de fabricar la pieza a la medida del local.

Cuatro preguntas resuelven casi todo. La primera es si las medidas se toman en serio, porque un banco que encaja sobre plano y no encaja en obra es el error más caro de todos. La segunda es qué pasa a los dos años: si podrás pedir una pieza suelta, retapizar un tramo o sustituir una tapa, o si tendrás que reponer el mueble entero. La diferencia entre reparar y reponer, multiplicada por sesenta sillas, es una reforma.

La tercera es si puedes ver proyectos de mobiliario para hostelería parecidos al tuyo, con nombre y ubicación, no fotos de catálogo. Y la cuarta, la más reveladora, es si te asesoran sobre distribución o solo te venden producto. Que alguien te diga cuántas plazas caben y cómo colocarlas es la diferencia entre comprar muebles y resolver un local.

Los tres proyectos de este artículo los hemos seleccionado por eso, porque responden a esas cuatro preguntas con hechos. Están firmados por Torresman, empresa de Elche que desde 2012 equipa bares, restaurantes, cafeterías y hoteles por toda España, incluidas Canarias, Baleares y Portugal, con en bancos corridos, tableros, paravientos y piezas especiales. Es lo que permite que un banco mida exactamente lo que tiene que medir y que un restaurante de pintxos, un local de eventos y un espacio de espectáculo se resuelvan cada uno a su manera.

Si estás montando o reformando un local y quieres contrastar la distribución antes de encargar nada, cuéntales cómo es tu espacio. Responden a las consultas en menos de 24 horas.


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