Según el Instituto Geográfico Nacional (IGN), en ciudades como Burgos el eclipse comenzará a las 19:33 horas, alcanzará su punto máximo a las 20:29 y la fase de totalidad se prolongará durante 104 segundos, cuando el Sol se encuentre a apenas ocho grados sobre el horizonte.
Más allá del interés científico, el eclipse se perfila como un importante motor turístico y económico. Investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) destacan que un acontecimiento de apenas unos minutos puede generar un notable incremento de la movilidad, las reservas hoteleras, las actividades de divulgación y el interés social, además de recordar la importancia de observar el fenómeno con protección ocular homologada.
Un impulso para el astroturismo
Las primeras cifras ya reflejan el impacto que está teniendo el eclipse en el sector turístico. Según datos difundidos por la agencia Reuters, las reservas internacionales en pequeñas localidades situadas dentro de la franja de totalidad han aumentado un 383 % durante este año, mientras que el evento podría generar hasta 362 millones de euros en gasto turístico.
El Gobierno español estima que el eclipse atraerá a alrededor de 10 millones de astroturistas extranjeros. Por su parte, Booking registra un incremento de las reservas para la noche del 12 de agosto del 260 % en A Coruña, un 170 % en León y un 120 % en Burgos.
Para quienes deseen planificar la observación, el visualizador del IGN ofrece información detallada por municipios sobre los horarios del eclipse, su duración, el porcentaje de ocultación del Sol y la altura a la que se encontrará durante el fenómeno.
Cuando el astroturismo deja de ser un nicho
Tradicionalmente, el astroturismo ha estado asociado a un perfil de viajeros interesados en la astronomía, la naturaleza y el patrimonio cultural. Sin embargo, el eclipse de 2026 puede cambiar esa percepción.
"El caso del eclipse de este año, que será visible en gran parte de la península ibérica, es diferente. Hablamos de un acontecimiento excepcional que puede transformar temporalmente un turismo de nicho en un fenómeno de masas", explica Lluís Garay, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC e investigador del grupo NOUTUR.
Como precedente, Garay recuerda el eclipse total de 2019 en la región chilena de Coquimbo, que atrajo cerca de medio millón de visitantes. En estos eventos, el perfil del viajero se amplía considerablemente e incluye desde expertos y aficionados hasta familias, turistas vacacionales y visitantes ocasionales atraídos por la singularidad del fenómeno.
Un impacto económico que requiere planificación
Aunque el potencial económico es elevado, los expertos advierten de que sus beneficios pueden ser temporales si no existe una estrategia de largo recorrido.
Los estudios sobre eclipses muestran que este tipo de acontecimientos generan un importante aumento de la actividad en sectores como el alojamiento, la restauración, el transporte y las experiencias turísticas. Sin embargo, ese impulso puede desaparecer rápidamente si el destino únicamente se prepara para recibir visitantes durante unos días.
"Para que la rentabilidad trascienda el beneficio inmediato y deje una impronta territorial duradera, los gestores de los destinos deben construir un ecosistema astroturístico colaborativo", señala Garay.
El investigador propone integrar la observación astronómica con otros atractivos del territorio, como el patrimonio natural y cultural, la gastronomía, la arqueología, el turismo rural y las actividades familiares. Además, considera fundamental reforzar aspectos como la señalización, el transporte público, la gestión del tráfico y la protección del cielo nocturno frente a la contaminación lumínica.
En palabras del experto, "sin una planificación adecuada, el eclipse puede convertirse en un espejismo económico; con una buena gestión, puede ser la mejor carta de presentación de un territorio".




